28 abr. 2013

DEL CONCIERTO DE PEDRO LUIS FERRER


Las palabras de Pedro Luis Ferrer repicaron entre canción y canción con anécdotas y décimas, que como de costumbre también provocan la risa, la ovación y el estremecimiento de nuestras comunes ideas, ese sentido de libertad que lo han hecho profeta de su tierra, nuestra isla.
Un recorrido de su obra por los años 70, 80 y 90 nos hicieron recordar a una “Mariposa que reposa en el Abuelo Paco 100 % cubano", que con temas nuevos intercalados en más de dos horas de concierto de sábado en Barcelona, supieron a muy poco.
En el reclamo de un primer bis mis gritos pelados, “Romance de una niña malaaaa” , y se impuso la complacencia para mis lágrimas.
Han pasado tantos años como trastes de su guitarra desde que trabajé con él en la Sala Atril del  Karl Marx,  y en este reencuentro quedé embriagada por la nostalgia,  por el amor y por los tantos buenos recuerdos de mi profesión. Aquellos tiempos, que como bien dice él, había que rendir cuenta cuando terminaba su concierto por lo qué dijo, qué cantó y cómo reaccionó el público, vaya estupidez con la que teníamos que lidiar. Era todo un reto poderlo disfrutar como público y en mi caso tenerlo como productora en aquel entonces, ya no sólo por el hecho de la selectividad profesional, sino por las trabas burocráticas y permisos diabólicos por los que había que pasar.
Chorro de voz, complejas composiciones, acordes inconfundibles, maestría de la guaracha y comunicación por excelencia, sin dudas son partes de su seña, de su singularidad, pero por encima de todo Pedro Luis Ferrer es un poeta. Es de esos artistas que me deja  petrificada en descargas y conversaciones privadas, a pesar de mi desparpajo, y hace que me sienta muy pequeñita cuando estoy frente a él.
Gracias Pedro, te esperamos en el otoño.

Publicar un comentario